
Emersson Forigua R – Diciembre 07 de 2025
Publicado en Razón Pública – https://razonpublica.com/trump-venezuela-objetivos-dilemas-la-seguridad-nacional/
Es claro que en Venezuela se ha configurado un escenario que puede impulsar lo que Estados Unidos ha denominado una “intervención justificada”, que podría apuntar al abatimiento mediante ataques de precisión o de fuerzas especiales, del liderazgo político del régimen
La decisión tomada por el Departamento de Estado de Estados Unidos el pasado 24 de noviembre, de designar al Cártel de los Soles como “Organización Terrorista Extranjera (Foreign Terrorist Organization – FTO)”, le permite ahora al presidente Trump el uso del marco jurídico antiterrorista para combatir en la región a los cárteles transnacionales del narcotráfico o a las redes internacionales del crimen organizado.
La relación entre Estados Unidos y Venezuela, en los últimos meses, se ha caracterizado por un incremento gradual de la presión político-militar por parte de los estadounidenses con el fin de lograr la salida de Nicolás Maduro y la instauración de un gobierno de transición. Un curso de acción que parece cada vez menos probable, en especial tras los inciertos resultados de la conversación telefónica sostenida entre Trump y Maduro el pasado 21 de noviembre.
Asimismo, el aumento del despliegue aeronaval en El Caribe (Ej. Portaviones Gerald Ford), los bombardeos a lanchas “Go Fast” relacionadas con el tráfico de drogas, el aviso de precaución emitido por la Administración Federal de Aviación para los operadores de aeronaves que vuelan en el espacio aéreo de la zona y los ejercicios militares realizados tanto en las cercanías de la frontera marítima venezolana como en República Dominicana y Panamá, parecen confirmar la decisión de Washington de remover a Maduro y su gobierno.
La estrategia de Seguridad Nacional 2025
Estas acciones de los estadounidenses han abierto el debate sobre los objetivos estratégicos que la administración Trump busca alcanzar con este curso de acción frente a Venezuela. Más allá de las reflexiones del derecho internacional sobre las operaciones impulsadas por Washington, en este momento es claro que los estrategas estadounidenses, tal como lo presentaron en la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (NSS) de noviembre de 2025, ven el escenario venezolano desde una perspectiva más amplia y compleja.
La NSS muestra que los estrategas norteamericanos adoptan una perspectiva sistémica, según la cual ven a Caracas como un escenario en el que están en juego intereses hemisféricos vinculados a la Seguridad Nacional de Estados Unidos, así como relacionados con el papel global de Estados Unidos como potencia mundial.
El documento permite ver el reconocimiento de un sistema internacional en transformación producto del ascenso de nuevos poderes (China), el enfrentamiento indirecto con otras potencias (Rusia) y la necesidad de asegurar la preminencia estadounidense en el marco de la competencia tecnológica y por recursos estratégicos que está marcando la IV Revolución Industrial
Es por ello que, en la actual Estrategia de Seguridad Nacional, los estadounidenses son taxativos al afirmar que, tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preminencia estadounidense en el Hemisferio occidental, proteger el país y el acceso a zonas geográficas en toda la región.
Asimismo, han determinado que negarán a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en el Hemisferio, un curso de acción que la estrategia denomina “Corolario Trump a la Doctrina Monroe” y que plantean como una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, en consonancia con sus intereses de seguridad.
Para lograr estos objetivos, los estrategas estadounidenses proponen reclutar a aliados consolidados en el Hemisferio occidental para controlar la migración, detener el flujo de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y en el mar. Asimismo, proponen expandir el poder y la influencia estadounidenses cultivando y fortaleciendo nuevos socios, a la vez que refuerzan el atractivo de Estados Unidos como socio económico y de seguridad en el Hemisferio.
Bajo estos nuevos lineamientos, Estados Unidos busca reconsiderar su presencia militar en el Hemisferio occidental, reajustando el despliegue de sus fuerzas para, entre otras cosas, controlar las rutas marítimas, la migración ilegal y el tráfico de drogas. También buscan fortalecer las alianzas en materia de seguridad, al desarrollar áreas que van desde la venta de armas hasta el intercambio de inteligencia y la realización de ejercicios conjuntos.
Asimismo, presentan la decisión de realizar despliegues específicos para asegurar las fronteras y derrotar los cárteles, incluido, cuando sea necesario, el uso de fuerza letal para reemplazar la fallida estrategia de las últimas décadas basada en la aplicación de la ley. Adicionalmente, plantean dar prioridad a la diplomacia comercial para fortalecer la economía e industrias de Estados Unidos, utilizando herramientas como aranceles o acuerdos comerciales recíprocos, en busca de que sus socios fortalezcan sus economías nacionales y que el Hemisferio sea económicamente más fuerte.
Los estrategas estadounidenses reconocen que el Hemisferio occidental alberga numerosos recursos estratégicos que Estados Unidos debería desarrollar en colaboración con aliados regionales para que tanto los países vecinos como ellos mismos sean más prósperos. Por ello, el Consejo de Seguridad Nacional iniciará un proceso interinstitucional para encargar a las agencias, con el apoyo de la Comunidad de Inteligencia, la identificación de puntos y recursos estratégicos en el Hemisferio, con miras a su protección y desarrollo conjuntos.
La Estrategia de Seguridad Nacional reconoce que competidores no hemisféricos han realizado importantes incursiones en el Hemisferio para perjudicarlos económicamente en el presente y estratégicamente en el futuro, y es pragmática al identificar que algunas de estas influencias serán difíciles de revertir en su totalidad.
Washington quiere asegurar que el Hemisferio occidental se mantenga razonablemente estable y lo suficientemente bien gobernado como para prevenir y desalentar la migración masiva a Estados Unidos, al tiempo que busca que los gobiernos cooperen en la lucha contra las organizaciones narcoterroristas, los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales.
Los estrategas norteamericanos consagran en el texto de la Estrategia de Seguridad Nacional el principio de “Predisposición al no intervencionismo”, recogiendo el legado de los padres fundadores y de la Declaración de Independencia (1776), manifestando también que esta predisposición debería establecer un estándar alto para lo que constituye una intervención justificada.

Las implicaciones de la estrategia para Venezuela y Maduro
Y aquí es donde la Estrategia de Seguridad Nacional se conecta con las acciones promovidas por Washington en el Caribe y contra Maduro. Para el gobierno de Trump y sus estrategas, desde el punto de vista de los intereses de seguridad nacional, el gobierno de Maduro no es reconocido porque se trata de una dictadura que se impuso en las elecciones de julio de 2024, pese al acuerdo alcanzado con el presidente Joe Biden.
Asimismo, desde hace años está profundamente involucrada con el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos (Cartel de Los Soles) y cuyos niveles de corrupción e incompetencia han generado uno de los fenómenos migratorios más masivos en el Hemisferio, mientras que exporta criminalidad a través de organizaciones de alcance transnacional como el Tren de Aragua.
Para Estados Unidos también es crucial que se trate de un país con estrechas relaciones con adversarios de Estados Unidos como Rusia, China o Hezbollah que pueden acceder a los recursos estratégicos del país, siendo un actor que carece de credibilidad en el momento de negociar. Como lo mencionó el secretario de Estado, Marco Rubio, Nicolás Maduro ha incumplido al menos cinco acuerdos con Estados Unidos en la última década, incluido el pacto realizado con el presidente Biden sobre elecciones libres, a cambio de alivio en las sanciones.
Para los estrategas estadounidenses en la Venezuela de Nicolás Maduro convergen casi todas las amenazas calificadas como prioritarias en la Estrategia de Seguridad Nacional. Asimismo, consideran, como lo mencionaron el secretario de Guerra, Peter Hagseth, y el propio presidente Trump el pasado 2 de diciembre, que las acciones emprendidas han sido exitosas al lograr una disminución del 91% en las drogas que entran por el mar a Estados Unidos, mientras anunciaban el inicio de ataques por tierra.
El presidente Trump y su gabinete han mostrado una marcada renuencia a desplegar intervenciones militares masivas, como las vistas en Irak o Afganistán. Sin embargo, es claro que en Venezuela se ha configurado un escenario que puede impulsar lo que ellos han denominado una “intervención justificada”, que podría apuntar al abatimiento mediante ataques de precisión o de fuerzas especiales, del liderazgo político del régimen.
Los estrategas también podrían considerar la destrucción de las capacidades del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea venezolana, así como de las bases, los centros neurálgicos o los nodos de comando, control, comunicaciones o inteligencia. Los B-52 Stratofortress, veteranos de Vietnam, Afganistán e Irak, con su capacidad para llevar más de veinte toneladas de bombas, que pueden usarse para destruir blancos localizados lejos de centros urbanos, tales como campamentos o laboratorios, también son una opción.
Los riesgos asociados con las bajas que podrían sufrir las tropas estadounidenses o la pérdida de equipos, así como las dificultades para estabilizar el país y tener que enfrentar daños colaterales, son altos. Sin embargo, en este momento las probabilidades de lograr la salida de Maduro por otros medios diferentes a la utilización de la fuerza militar parecen haber perdido casi toda su fuerza y eficacia.
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